Las duchas a ras de suelo han dejado de ser una concesión estética reservada a hoteles de diseño para convertirse en una solución habitual en viviendas contemporáneas, tanto en obra nueva como en reforma.
Su éxito no es casual: integran el espacio, eliminan barreras, simplifican la limpieza y elevan la percepción de calidad del baño. Sin embargo, esa aparente sencillez formal exige una ejecución técnica rigurosa.
En Poveda entendemos las duchas a ras de suelo como un sistema constructivo completo, no como una moda. Implican decisiones sobre pendientes, evacuación, impermeabilización, revestimientos y soluciones de contención. Cada una de ellas influye directamente en la durabilidad, la seguridad y la experiencia de uso.
Una solución estética que nace de la técnica
Hablar de duchas a ras de suelo es hablar de continuidad. El pavimento del baño se prolonga hacia la zona de ducha sin escalones ni platos elevados visibles.
El resultado es limpio, elegante y visualmente expansivo, especialmente en espacios reducidos. Esta continuidad permite trabajar con grandes formatos cerámicos, con texturas naturales o con acabados pétreos que refuerzan una estética sofisticada y contemporánea.
Ahora bien, esa continuidad visual debe apoyarse en una continuidad técnica impecable.
La ducha enrasada requiere una planificación precisa de cotas. No basta con “quitar el plato”, es necesario prever el espesor de cada capa constructiva, desde la formación de pendientes hasta el revestimiento final, para garantizar que el agua fluya correctamente hacia el desagüe y no invada el resto del baño.
Normativa y exigencias técnicas en España
En el contexto español, las duchas a ras de suelo deben proyectarse conforme al Código Técnico de la Edificación (CTE), que establece requisitos vinculados a seguridad, accesibilidad y salubridad.
El Documento Básico DB-SUA regula aspectos relacionados con la seguridad de utilización y la accesibilidad, aspectos especialmente relevantes cuando la vivienda debe adaptarse a criterios de diseño universal o a necesidades de movilidad reducida.
Por su parte, el DB-HS, relativo a salubridad, incide en la protección frente a la humedad. Esta exigencia no es una recomendación estética, sino una obligación técnica: la correcta impermeabilización de suelos y encuentros en zonas húmedas es fundamental para evitar filtraciones y patologías estructurales.
Las duchas a ras de suelo exigen sistemas de impermeabilización continuos, correctamente solapados y reforzados en puntos singulares como esquinas, encuentros con paramentos verticales y pasos de instalaciones.
Además, en lo que respecta a la colocación de revestimientos cerámicos, las normas UNE aplicables establecen criterios claros sobre soportes, adhesivos y ejecución. La actualización de la UNE 138002 refuerza la importancia de una colocación profesional en ambientes exigentes como las duchas.
Diseño: equilibrio entre forma y funcionalidad
Una de las decisiones clave en las duchas a ras de suelo es el tipo de desagüe. La elección entre un sumidero puntual o una canaleta lineal no es meramente estética; condiciona la geometría de las pendientes y la facilidad de colocación del pavimento.
Los desagües lineales permiten resolver la evacuación con una única pendiente hacia un plano, lo que simplifica la ejecución y favorece el uso de formatos de gran tamaño. Los sumideros puntuales, aunque más tradicionales, requieren pendientes a varios planos y un mayor control en el replanteo.
Las pendientes deben ser suficientes para garantizar la evacuación eficaz del agua sin comprometer la estabilidad del usuario. Un error frecuente es subestimar esta fase, generando ligeros encharcamientos que, con el tiempo, afectan a juntas y sellados.
También es fundamental prever cómo se contendrá el agua. Aunque la tendencia actual apuesta por duchas abiertas, la realidad espacial manda.
En baños compactos, una mampara fija parcial o una solución de vidrio estratégicamente situada puede marcar la diferencia entre un espacio sofisticado y un baño permanentemente salpicado.
Materiales: seguridad, durabilidad y coherencia estética
El pavimento en una ducha a ras de suelo debe cumplir requisitos antideslizantes adecuados para zonas húmedas, sin sacrificar la facilidad de limpieza.
El equilibrio es clave: una superficie excesivamente rugosa puede dificultar el mantenimiento, mientras que una demasiado lisa compromete la seguridad.
En las duchas a ras de suelo, el revestimiento no es solo un elemento decorativo; forma parte del sistema técnico. Adhesivos apropiados para ambientes húmedos, rejuntados resistentes al agua y sellados perimetrales de calidad son imprescindibles.
La silicona sanitaria, aunque necesaria en encuentros específicos, no sustituye en ningún caso a una impermeabilización bien ejecutada.
La coherencia estética también juega un papel estratégico. Integrar el mismo material del suelo en la zona de ducha refuerza la continuidad, pero requiere una planificación meticulosa de cortes y juntas, especialmente alrededor de canaletas lineales.
Proceso de ejecución: donde se decide todo
La ejecución de duchas a ras de suelo comienza mucho antes de colocar la primera baldosa. El replanteo inicial define las alturas finales y la compatibilidad entre instalaciones, pendientes y acabados.
A continuación, la correcta colocación del sistema de evacuación y la formación precisa de pendientes son determinantes.
La impermeabilización constituye el núcleo crítico del proceso. Sistemas con láminas impermeables o soluciones líquidas aplicadas in situ deben extenderse no solo por el suelo, sino también por los primeros centímetros de los paramentos verticales.
Los refuerzos en esquinas y encuentros son obligatorios. Antes de continuar con el revestimiento, es recomendable realizar una prueba de estanqueidad que confirme la ausencia de fugas.
Solo tras verificar que el sistema es estanco debe iniciarse la colocación cerámica, respetando tiempos de secado, juntas de movimiento y especificaciones técnicas de los fabricantes.
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